Izamiento de la Bandera DISTRITO DE HUAROCHIRI
"Rinconcito del Perú"
  
HUAROCHIRÍ, PERÚ
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Misión Cumplida Padre Francis Kennard

Por Pedro P. Inga Huaringa

Francis Kennard, sacerdote del Arzobispado de Portland, Oregón, fue  ordenado en 1949  y murió en 1994. Prácticamente siendo un novato se dirigió a Lima, Perú, en su primer destino ministerial. Cuando estuvo en esta ciudad, solicita al Cardenal que le designe un lugar lejano donde no hubiese la palabra de un  sacerdote. El prelado de entonces le otorga la parroquia de la ciudad de Huarochirí. Esto ocurría entre los años 1954 y 1955.

El joven  sacerdote  llega a Huarochirí, una zona perteneciente al departamento de Lima, capital peruana. Era un hombre de buena estatura, un gringo bien simpático y al parecer estaba listo para asumir el primer desafío en un lugar muy diferente al suyo como son las estribaciones de los Andes peruanos; un mundo de culturas diferentes e idiomas distintos. El joven sacerdote tuvo que adaptarse entonces al nuevo ambiente y asumir la responsabilidad de párroco no sólo de la parroquia de Huarochirí, sino también de los pueblos vecinos de la zona.

En 1956 estuve en Huarochirí desde enero hasta abril. Durante ese tiempo tuve la oportunidad de conocer y tratar de cerca al padre Francis Kennard. Lo anecdótico se viene a la mente: él tenía una mula que utilizaba para trasladarse los sábados y domingos a celebrar la Santa Misa en los distritos que circundan a la parroquia de Huarochirí. El animal, al parecer una mula común, había aprendido a obedecer las órdenes del padre; por ejemplo, a la voz de speack –que significa en castellano hable- ella relinchaba jubilosa, o cuando le decía come here – que quiere decir venga acá- el jumento se acercaba lentamente. Al parecer, ambos habían entablado una empatía muy especial. Se trataba de una mula que entendía ciertas órdenes en inglés gracias a la  paciencia y habilidad del sacerdote que pudo amaestrar a este rudo animal.

Durante su estadía en Huarochirí, el padre Kennard fue el instrumento escogido para implementar los cambios eclesiásticos del VATICANO II, por un camino claramente definido de santidad y apostolado, entretejido en las labores y preocupaciones de la gente más humilde. Después de la misa, en la puerta de salida de la Iglesia, repartía alimentos como azúcar, leche y harina a la gente de bajos recursos. Y a los más jóvenes les obsequiaba boletos para el  Cine Central cuyo propietario fue el Sr. Teodosio Cuéllar.

Desde hace años existió una costumbre religiosa en Huarochirí: después de celebrar cada servicio durante la Semana Santa, se requería sacar en andas las  estatuas de los santos correspondientes en procesión. Por ejemplo, en procesión se cargaba en hombros el Santo Sepulcro en el día del Viernes Santo en la noche, se rodeaba el pueblo y se retornaba a la iglesia al día siguiente después de las 7: 00 de la mañana. Igualmente, los cargadores tenían que pagar a las cofradías por tener el privilegio y condición de tales. Así era la tradición acentuada desde la época colonial española. Entonces el padre Kennard habló con los Síndicos de la Iglesia y les explicó que no era necesario sacrificar el sueño porque la religión no los requería y que si insistían en hacerlo, se tendrían que cerrar las puertas de la Iglesia hasta el día siguiente. Tampoco era necesario que los cargadores paguen, mas bien era recomendable que se confiesen. Pero los Síndicos, al parecer, no  entendieron bien el castellano pronunciado por el padre y hubo un incidente, pero el padre explicó con palabras que encendieron el corazón de la gente devota y provocaron en ellos una decisión profunda de aceptación, aunque quizás no de entendimiento.

Con dinero obtenido sabe Dios dónde, el padre Kennard proporcionó uniformes (vestidos largos de un solo color)  para los participantes del coro, todos jóvenes cantores y músicos que ayudaban a celebrar la Santa Misa. Además, el padre tenía mucho interés en construir una rectoría, es decir un conjunto de oficinas que sirviera para reuniones y también de vivienda para los sacerdotes. La falta total de medios materiales no lo detuvo, aunque sobre sus hombros recayese la solución de todos los problemas económicos. Y, como siempre, contó con la ayuda de cinco comunidades de Huarochirí, que estuvieron de acuerdo y se comprometieron a hacer los trabajos de construcción. La financiación la hicieron el padre y los Síndicos.

Por entonces, creo que todos vivíamos fraternalmente de modo extraordinario, tal vez porque el padre siempre fue el  mediador, el amigo y el ejemplo tanto de las autoridades como de la población.  Así entonces, el padre se ha relacionado con don Teodosio Cuéllar, Darío Inga, Luis Chumbipuma y otros, quienes lo decían “el cura gringo” que por su carácter parecía un huarochirano neto comiendo de un bolsillo de la sotana la cancha y de la otra el queso. Como religioso, daba clases de región en el colegio secundario, y en el año 1957,  el padre Kennard llega ser director de este colegio, él, muy eficiente en su trabajo y ya convertido en una personalidad en Huarochirí, se entrega con pasión a dirigir la institución educativa. Al padre no ceja en su vigoroso trabajo y va cambiando así el nombre por el de “Colegio Particular Mixto” a “Santa Cruz” y, posteriormente, en 1962 se logra convertirlo en el “Colegio Nacional Santa Cruz”, tal como lo conocemos ahora.

Este  sacerdote de origen estadounidense, que durante su estadía en Huarochiri fue uno de los directores más preocupados por la enseñanza y aprendizaje de los estudiantes de santa Cruz, no solo la teoría, pero dándoles más énfasis a la práctica, asimismo el uso de la tecnología, es por ello que en la década de los años 60, equipa a su centro educativo con los primeros instrumentos actualizados en el uso del laboratorio de física, química, y biología. También se dota del primer equipo multimedia de proyección de vista fija a colores, que indudablemente contribuyeron a mejorar la calidad educativa. En merito a su desprendimiento por la educación y la tecnología, el Laboratorio de Ciencia Tecnología y Ambiente lleva el nombre de este insigne sacerdote y educador Norteamericano.

Según los relatos del padre Leo Donnely, el padre Kennard se traslada a la ciudad de Abancay, donde asume las funciones de la Prelatura de esa ciudad. Con once sacerdotes a su cargo, el Obispo lo nombra Rector de la Catedral.  Después de varios años de servicio, el padre continúa su labor en la selva peruana donde la Prelatura de la ciudad de Indiana, Loreto, le dan la bienvenida. Luego, lo enviarían a un pueblito llamado Tamshiyacu, que se encuentra ubicado a unos cincuenta kilómetros de la ciudad de Iquitos. En ese pueblito, el padre, como parte de su trayectoria de servicio ministerial, ha construido una escuela, un colegio y un convento de material noble. 

Al padre Kennard lo admiraban y lo querían como persona y como misionero, por donde iba tocaba los corazones de muchas personas, en especial de las personas más pobres, y todos quedaban admirados por su obra y trabajo. Pero los años pasaron y su salud se fue deteriorando y después de poco tiempo de haberse retirado a un apartamento en Portland, Oregón, casi ciego y muy enfermo, pasa sus últimos días como se dice: olvidado por todos. Para mi es impresionante la vida de este sacerdote como un fenómeno espiritual, que ayudaba a aquellos que se hallaban en necesidad.

Su caso nos demostró que el padre Kennard fue un sacerdote que anhelaba un mayor acercamiento a Dios y la comprensión que tengamos de él y de la fe, redunde entre nosotros los valores de la educación intelectual y espiritual, en particular para la juventud. La vida de este hombre singular ha sido como una bendición de Dios para Huarochirí, desde su temprana edad se dedicaba a nuestro bienestar, pero no lo hemos sabido valorar y apreciar sus servicios, su trabajo, sus nuevos ejemplos y, sobre todo, sus amplias perspectivas para nuestra comunidad.  Huarochirí tendrá que mantenerla viva no solo en los  corazones, sino en un lugar adecuado como ejemplo de nuestro reconocimiento.

Este sacerdote americano ha hecho mucho por la educación y por Huarochirí, y para que no olvidemos la caridad fraterna y el trabajo comunitario, el padre enseñaba a los demás profesores y a los alumnos. Muchos recuerdan la atención especial que se recibía del padre durante su estadía en el Colegio de Santa Cruz de Huarochirí. Como sacerdote, Francis Kennard, siempre hablaba sobre la Pasión de Cristo, de ser cristianos íntegros y dedicados plenamente al servicio de Dios, llevar a Cristo a la cumbre de todas las actividades.

Huarochirí siempre ha recibido apoyo, ayuda y servicios de muchas personas como el Padre Frances Kennard, pero tal vez no sabemos cómo reconocer esos esfuerzos y regalos. Tal vez nos gusta recibir, pero no dar. He propuesto en mi libro "Huellas y Rostros de Huarochirí" para que el Consejo del Distrito de Huarochirí  extienda un reconocimiento apropiado de gratitud al Padre Kennard por su trabajo y sus servicios a la comunidad, y porque la generosidad y la gratitud están vinculadas. Pero hasta ahora no hay una respuesta del alcalde distrital. Sin embargo, hemos tenido una respuesta del Director del Colegio Santa Cruz, el director y  profesor Walter García Chumbimuni, que ha extendido un reconocimiento al Padre Kennard por sus servicios de un memorable y un hombre gigante, que sin ser de Huarochirí, ha logrado muchas acciones que han beneficiado a la educación de muchos estudiantes. En Colegio Secundaria de Santa Cruz, honran cada contribución de una larga historia de recibir un gran apoyo de las personas que admiran Padre Kennard.

Por lo tanto, con gratitud y aprecio, el Colegio Santa Cruz de Huarochirí celebra un reconocimiento al padre Frances Kennard, de Portland, Oregón, Estados Unidos.  Su apoyo ha proporcionado recursos que ha beneficiado a la excelencia de los estudiantes de ayer, de hoy y de mañana. Este reconocimiento es con una placa en la puerta del aula de ciencias de laboratorio que lleva el nombre del Padre Frances Kennard, describiendo el  agradecimiento por su apoyo excepcional.

Gracias por el apoyo a la educación que hizo Santa Cruz, una institución que se convirtió en uno de los primeros en la provincia de Huarochirí, Perú. Quién puede saber cuántos alumnos del pasado, presente y futuro contribuirá positivamente a su comunidad y a su país, ayudando a realizar el reino de Dios en la sociedad humana.

Actualizado: Junio 2013
Ciudad de Huarochirí, Perú

Colegio Estatal Santa Cruz
Entrada del Colegio Santa Cruz

En el colegio Estatal Santa Cruz han estudiado la secundaria muchos hombres y mujeres de todas partes de la zona sur. Desde que comenzó a funcionar, muchos graduados han seguido sus estudios superiores llegando de ser profesionales. Hoy están ejerciendo sus carreras correspondientes en todas partes del Perú y en el externo.

Laboratorio en Santa Cruz
Vista del Laboratorio dedicado al Padre Frank Kennard

El laboratorio de Santa Cruz, dedicado al Padre Frank Kennard, representa el progreso por la educación en Huarochirí, desde que era mixto hasta ser nacional, con el esfuerzo de sus directores como el padre Frank Kennard y otros. Con el lema "preparando por un futuro mejor", el profesor Walter García Chumbimuni, Director de Santa Cruz, con más de 26 años de servicio ha desempeñado un papel de desarrollo y protagónico dentro del transcurrir histórico del colegio.

Iglesia Santa Maria de Huarochiri
Iglesia Santa Maria de Huarochiri

Las dos torres de la Iglesia Santa María de Huarochirí, como una gran altura miran al saliente del sol. Así, los primeros rayos del sol que emergen del Pariakaka, luego de tocar los cerros de Cajahuaman, iluminan la primera intención de la iglesia, que la luz del día se revela como una película. A las dos torres lo llaman los campanarios, donde las campanas hablan, desde la más chica, hasta la más grande. El padre Frank Kennard fue párroco de esta iglesia.

Los Reconocimientos Continua

En cierta forma, después del reconocimiento extendido al sacerdote Frances Kennard, el Colegio Santa Cruz de Huarochirí continúa sus reconocimientos con gratitud y admiración crecientes a dignitarios que han contribuido a esta institución in deferentes proyectos.  Por lo cual brinda un reconocimiento  al Sr. Daniel Cuéllar Tello, residente en  Lima y al Sr. Pedro Pablo Inga Huaringa, residente en Dallas, Texas, Estados Unidos, cuyo apoyo han proporcionado recursos en beneficio de la excelencia a estudiantes de ayer, de hoy y de mañana.

Lo importante en todo caso, es que sea el Colegio Santa Cruz de Huarochirí en toda libertad decidió reconocer a estas personalidades y sus nombres queden grabados y colocadas en la puerta de aulas correspondientes describiendo el apoyo de estos dignitarios.  La sala de computación lleva el nombre del Sr. Daniel Cuéllar Tello y el Aula de Innovación Pedagógica lleva el nombre del Sr. Pedro Pablo Inga Huaringa. Con todos estos hechos se ha señalado un punto de inflexión en el Colegio Estatal Santa Cruz de Huarochirí y se enrumba  la trayectoria hacia una mayor excelencia. Cada salón está dedicado a la educación de hoy y del futuro, teniendo por objeto celebrar los avances de la investigación, computación y tecnología en honor a estos tres personajes que contribuyeron con sus servicios  a la institución.

Estos hombres no son ni han sido siempre los "grandes hombres", si se quiere decir. Pero ¿quiénes son estas personas? que se preocupan por la educación huarochirana, para que la educación florezca en una sociedad fuera de Huarochirí requisito primero para alcanzar la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, sin ella no hubiera existido nunca. Gracias a la educación las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, es lo que representa estos dos hombres huarochiranos.

En Chacarilla
Huarochirano en Chacarilla usando el arado andino para la cosecha de papas.